Palestra cuidad del milagro - Salta Palestra Ciudad del Milagro

San Pablo

El Apóstol de las Gentes

Nacimiento entre el año 5 y el año 10 despues de Cristo en Tarso (actual Turquía)


San Pablo Apostol.

Este personaje no cambió su nombre al convertirse al cristianismo, ya que como ciudadano romano y nacido en Tarso, además de ser judío tenía gran influencia de la cultura helenística y romana, por lo que como todo romano de la época tenía un “prognomen” relacionado con una característica familiar (el cual es SAULO, su nombre judío), y un “congnomen” que se asocia a una característica física (que en este caso es PABLO, que es su nombre romano).

El conocimiento de la cultura helénica (hablaba fluidamente el griego como el arameo) le permite a este Apóstol predicar el Evangelio con ejemplos y comparaciones comunes de esta cultura por lo que el mensaje fue recibido en territorio griego claramente y esta característica marca el éxito de sus viajes fundando comunidades cristianas. Pablo es considerado por muchos cristianos como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de que nunca llegó a conocerlo, y, después de Jesús, la persona más importante para el cristianismo.

Pablo es reconocido como un Santo. Hizo mucho para introducir el cristianismo entre los gentiles y es considerado como uno de las fuentes significativas de la doctrina de la Iglesia primitiva.

Nació entre el año 5 y el año 10 en Tarso, en la región de Cilicia, en la costa sur del Asia Menor (la actual Turquía). La ciudad de Tarso tenía concedida la ciudadanía romana por nacimiento. Por lo que Pablo era ciudadano romano pese a ser hijo de judíos.

Hijo de hebreos y descendiente de la tribu de Benjamín, en su adolescencia es enviado a Jerusalén, donde estudia con el famoso rabino Gamaliel. Tuvo una educación natural mucho mayor que los humildes pescadores que fueron los primeros apóstoles de Cristo. Decimos "educación natural" porque los otros apóstoles tuvieron al mismo Jesús de maestro recibiendo así una educación divina. Esta también la recibió San Pablo por gracia de la revelación. Siendo docto tanto en la sabiduría humana como en la divina, Pablo estaba en posición de enseñar que la sabiduría humana es nada en comparación con la divina. También es aquí donde se une al grupo de los fariseos.

Tras la muerte de Jesús, hacia el año 33, comienzan a formarse grupos de seguidores de Jesús.

Pablo de Tarso fue un activo perseguidor de estas comunidades bajo la influencia de los fariseos. De hecho el fue de los que participó y asintió en la ejecución de San Esteban, el primer mártir (denominado protomártir) de la iglesia cristiana de aquel entonces, quien cayera víctima de lapidación no como consecuencia de la barbarie de la multitud, si no como cumplimiento de una ejecución judicial, pues Saulo contaba con la venia de Roma.

En el año 36, camino a Damasco, tuvo una visiòn y se convirtió al cristianismo. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles y las epístolas paulinas fue gracias a una aparición de Cristo camino de la ciudad de Damasco, luego de la cual pide ser bautizado.

Comenzó su actividad de evangelización cristiana en Damasco y Arabia. Es perseguido por los judíos y huye a Jerusalén, donde es visto por Bernabé quien lo lleva con Pedro y con Santiago el Hermano del Señor en el año 36, huye de Jerusalén, escapando de los judíos de habla Griega. Se lo llevan a Cesarea y es enviado a refugiarse en Tarso.

Bernabé acude a Tarso y se va con Pablo a Antioquía, donde pasaron un año evangelizando. Antioquía se convierte en el centro de los cristianos convertidos desde el paganismo. Aquí surge por primera vez la denominación de cristianos para los discípulos de Jesús.      

San Pablo y el Estadio de Dios

Dedicado a todos los Palestristas que incansablemente lucharon y luchan para superar los obstáculos de la vida.

Estamos desde hace un tiempo en plena "efervescencia olímpica", la plena competencia, la capacitación física con el cultivo del carácter encaminada a conseguir logros destacables, en donde la competición, los éxitos son una expresión del instinto de pasar a la historia, de la intención de inmortalizarse en los familiares, los amigos y todos aquellos que viven alrededor del estilo deportivo.

PALAIO - PALAISTRA - PALESTRA: En las cartas de Pablo es recurrente escribir como un hombre de ciudad, con todo lo que eso significa, usar elementos propios de una ciudad; entre varios ejemplos habla del estadio (Palaistra), adonde compara la lucha (Palaio), el esfuerzo del atleta por conquistar la victoria, los laureles, con el camino del cristiano hacia logros no perecederos.

San Pablo, se demuestra experto en competiciones, luchas, carreras; reconoce el valor del deporte como capacitación para superar obstáculos y ganar respetando las reglas: "El atleta no recibe el premio si no lucha según las reglas". Subraya también lo precario de los resultados, pues, aún después de la victoria, la carrera continúa: "Corremos con perseverancia en la carrera que tenemos delante".

Es decir, la meta se desplaza cada vez más allá, el premio recibido es provisorio y, lo que está en juego, es una salvación que va más allá de la competición.

Lo evoca en la carta a los Filipenses: "No es que yo ya haya alcanzado la meta o que ya haya conseguido la perfección, pero sigo corriendo con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Sin embargo, hermanos, no creo haberlo logrado aún, sino que, olvidando lo que dejé atrás, me lanzo hacia adelante, para acercarme a la meta, al premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús".

La meta para el apóstol no es lo que está señalado en el suelo con unas líneas de un color particular, o con un cinta que el primero en llegar, corta. Para el apóstol la señal es el fin más allá del fin. No solo es la victoria sobre sí mismos, fruto de un esfuerzo gratificante, sino que es la perfección cristiana, que va más allá del éxito temporal y es un don y una tarea, un regalo de Dios y un esfuerzo (entrenamiento, competición) de los que participan.

San Pablo, en su teología, utiliza la terminología de la lucha para exhortar al cristiano a empeñarse en la carrera de la vida, para combatir las adversidades, para gratificarse con el esfuerzo, con la competencia. Pablo, no toma la competencia, la lucha, como un combate de exterminio del otro que participa en la lucha, lo toma como eso, una competencia, una participación. Una manera de superar inconvenientes, propios y ajenos, con reglas e instrumentos adecuados.


Lo que queda de Palestra Olympia

Los records, la fiebre por las medallas, el uso de la competencia para hacer valer la supremacía de una nación sobre otra, de una ideología sobre otra, el uso de métodos, propagandas, sustancias dañinas y que sacan ventajas, el uso y abuso de fármacos y en el ámbito comercial, la lucha de una marca de indumentaria deportiva sobre otra.

Males que asolan los niveles competitivos, no se dan la mano con lo pensado en la elaboración de los principios modernos de los Juegos Olímpicos. Y mucho menos con lo que plantea Pablo de Tarso.

En su última carta a Timoteo, Pablo todavía usa un lenguaje deportivo, habla de lucha y de carrera, de la corona que tiene que recibir en premio, del juez de competición: "En cuanto a mí, yo estoy a punto de ofrecer mi vida y el momento de mi partida es inminente. He combatido la buena batalla, he concluido mi carrera, he conservado la fe. Sólo me queda recibir la corona de justicia que el Señor, justo juez, me entregará en aquel día".

Esta consideraciones paulinas reconocen a la competición un valor auténticamente humano, porque en el deporte no se trata tanto de enfrentarse con otro, cuanto con uno mismo, y en esta competición hace falta respetar las reglas con lealtad, porque, quien gana eludiendo la regla, sabe que no ha ganado, aunque haya recibido el premio entre los aplausos de todos. Y por casa como andamos, por nuestra Iglesia, nuestro Movimiento, nuestra Comunidad, nuestra familia, nuestros ambientes, como asumo las diferentes luchas.

Y nuestras leyes, las que usamos diariamente, sirven para ganar como corresponde o solo son un engaño para considerarme un ganador efímero.

En nuestro caso la participación es colectiva, comunitaria, no tenemos enemigos de carne y hueso para vencer, son otras las competencias que debemos realizar, empezando por la construcción del Reino de Dios entre los hombres y las superaciones personales y comunes (criterios, hábitos, errores, pecados, limitaciones autoimpuestas, indiferencias, miedos, estancamientos, cansancios…) Lo recuerda San Pablo en la primera carta a los Corintios: " ¿Saben ustedes que en el estadio todos corren, pero uno solo alcanza el premio? Ustedes corran de tal manera que lo logren.

Por eso los atletas se abstienen de todo con el fin de conquistar una corona corruptible, mientras que nosotros aspiramos a una incorruptible.

Yo, pues, corro, pero no sin rumbo; peleo, pero no como uno que da golpes al aire; más bien disciplino duramente mi cuerpo y lo domino, no me suceda que después de haber enseñaado a los demás, quede yo descalificado".

Cada vez que lleguemos a una meta, tendremos otras a conquistar, a luchar, a esforzarnos, y exige de nosotros un entrenamiento continuo, intenso, comunitario... para seguir en el camino de perfección para alcanzar la salvación.

Los laureles, los premios, las medallas, el reconocimiento, la fama, son pasajeras, lo importante es la lucha, el sentirnos preparados para las circunstancias de la vida.

Circunstancias, vivencias, experiencias que son "competiciones", signos y símbolos de la lucha que cada uno lleva a cabo por si mismo o en comunidad para superar las metas de la vida en vista al resultado final, que se halla más allá de los eventos de la historia, pero que dependen de ellos.

Copyright © 2008 - Grupo juvenil palestra - Ciudad del Milagro - Salta

Diseño web: Lic. Mario Arrieta